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Viajar con perro al Valle de Benasque: Entre leyendas y chapuzones inesperados.

  • Foto del escritor: Rebecca Alonso Gracia
    Rebecca Alonso Gracia
  • hace 5 horas
  • 3 Min. de lectura
Pareja con su perra pequeña sentados sobre un murete de piedra con las montañas nevadas del Pirineo Aragonés de fondo.

Como ya os adelantamos en el último blog, Mocca está 100% curada de su esterilización y ya nos tocaba una escapadita de fin de semana al Pirineo Aragonés. Esta vez pusimos rumbo al Valle de Benasque, un rincón espectacular al que, increíblemente, ¡aún no habíamos ido nunca!

Para dormir, elegimos el Hotel Chuldian en Sahún.

La habitación estaba genial y con unas vistas fantásticas. Lo mejor es que, aunque está cerca de la carretera, no se escucha nada de tráfico. El desayuno (7€ por persona) era un buffet libre con una calidad-precio bastante aceptable. Además, el Wi-Fi salvó nuestras vidas porque allí los datos del móvil brillan por su ausencia.


Vistas desde el balcón de una habitación de hotel hacia las montañas del Valle de Benasque con un perro asomado.

Si buscáis un hotel que admita perros en el Valle de Benasque, tened en cuenta que aquí cobran 15€ por noche por mascota. Además, no podéis dejarlos solos en la habitación para irnos a cenar; solo permiten ese "mini rato" de soledad mientras desayunáis en el hotel.

Empezamos el viaje en Benasque sobre las 11 de la mañana. Hacía un sol radiante para ser febrero, a pesar de que el móvil juraba que iba a nevar. Aprovechamos para tomar algo en una terracita y dar un paseo por la ribera del río... y ahí es donde la tranquilidad se fue al traste, jaja.


Perra pequeña de color marrón y negro sobre una piedra en la orilla del río Ésera en Benasque.

Acercamos a Mocca a beber agua y, como íbamos por el lado del paseo, la dejamos suelta. Jamás pensamos que se tiraría al agua helada, ¡pero ella se creía una sirena! Se lanzó de cabeza al río y Mario, en un acto de reflejos nivel experto (y sin pensar en su propia hipotermia), metió el pie entero en el agua para pescarla del arnés.

El resultado: Mocca chorreando pero más feliz que una perdiz, y Mario con una zapatilla que parecía una pecera. Tras una sesión de secado de emergencia en el coche para ambos, seguimos viendo el pueblo y tomando un vermucito hasta la hora de comer.


Primer plano de una perra pequeña asomando la cabeza desde su mochila de transporte en una terraza dog-friendly.

Si buscáis dónde comer con perro en Benasque, fuimos a La Parrilla de Benasque. Ya sabíamos que aceptaban mascotas porque les escribimos un correo avisando de que íbamos con una perrita pequeña en mochila. Se portó de maravilla mientras nosotros disfrutábamos del festín.

Por la tarde bajamos a descansar a Sahún y luego a dar una vuelta por Castejón de Sos. El plan era sencillo: pasear, encargar comida y picnic en el hotel. Pero empezó a chispear y, aunque preguntamos en varios bares para refugiarnos dentro con la perra, fue misión imposible. Al final aguantamos el tipo en la terraza de La Morera hasta que nos dieron la cena.


Picnic romántico sobre la cama de un hotel con cajas de pizza, tacos y comida para llevar.

Ya en el hotel, montamos nuestro "picnic romántico" sobre la cama con unas cervecitas mientras Mocca nos vigilaba atentamente desde el suelo. Cerramos el día con unos capítulos de nuestra serie y a dormir como troncos.

Al día siguiente descubrimos los rincones mágicos de Sahún, un pueblo lleno de historia y esculturas en las paredes que cuentan leyendas antiguas del valle, como la de "les fayes". ¡Es precioso! Antes de irnos hacia Graus, también hicimos una parada rápida en Villanova.


Hombre paseando con su perra pequeña en la Plaza Mayor de Graus, destacando las fachadas pintadas de fondo.

Graus nos sorprendió muchísimo. Su Plaza Mayor porticada con las fachadas pintadas es una joya. Había un ambientazo increíble con música y mercadillo. Comimos en la terraza de un bar (muy pet-friendly, por cierto) y no pudimos resistirnos a la longaniza de Graus a la brasa. ¡Un éxito total!


Perra pequeña durmiendo panza arriba de forma graciosa sobre el asiento de un coche durante el viaje de vuelta.

Emprendimos el viaje de vuelta a Zaragoza con el estómago lleno y el corazón contento.


Mocca, por su parte, se pasó todo el camino durmiendo panza arriba, soñando probablemente con su próximo chapuzón helado ¡y nosotros ya planeando la siguiente!.


 
 
 

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