Finde en el pirineo con los objetivos cumplidos
- Rebecca Alonso Gracia
- hace 4 minutos
- 5 min de lectura

¡Hola, amigos viajeros! Sabemos que hace mucho que no escribimos, pero últimamente no estamos yéndonos mucho de viaje porque estamos yendo bastante al pueblo y, entre unas cosas y otras, tenemos un poco abandonadas nuestras escapadas. Pero por fin hemos podido hacer una mini escapada de finde al Pirineo y, además, ¡con los objetivos cumplidos!
Para el alojamiento esta vez no tuvimos ningún problema porque unos amigos tienen un apartamento en Canfranc-Estación y pudimos ir allí a dormir.

El viernes, después de trabajar, Mario, Mocca y yo marchamos hacia Canfranc. Cuando llegamos dimos un paseo por la estación y por el parquecito que hay justo detrás. La verdad es que está súper chulo y, como no podía ser de otra manera, vimos un tobogán y tuvimos que probarlo. Bueno, tuvimos que probarlo con Mocca, claro. Nos tiramos las dos juntas y fue súper divertido. Mocca se lo pasó genial y nosotros también, aunque creo que ella no entendía muy bien por qué sus padres se habían vuelto locos y la estaban tirando por un tobogán.
Después volvimos al apartamento para cenar y descansar, porque al día siguiente nos esperaba un día bastante intenso.

A las 7 de la mañana sonó el despertador y tocaba empezar con la rutina: sacar a Mocca, preparar el desayuno, preparar la comida y dejar todo listo. A las 8 salimos hacia Artouste porque ese día teníamos uno de los planes que más ganas teníamos de hacer: ¡íbamos a montarnos en el tren más alto de Europa!
Sí, sí, como lo leéis. Mocca se iba a montar en el tren de Artouste.
Nosotros cogimos la opción más básica, que nos costó 24 € por persona e incluía el telecabina, unos 55 minutos de tren y entre 1 hora y media y 2 horas de tiempo libre en el pantano; además, los perros entran gratis.

Y tenemos que decir que Mocca fue una súper aventurera. No tuvo absolutamente nada de miedo durante el trayecto. Nosotros íbamos mirando el precipicio y las vistas y ella tan tranquila, como si montarse en un tren por la montaña fuese lo más normal del mundo.
Lo que sí le dio un poco más de miedo fue la bajada por la zona rocosa. Había llovido, estaba bastante mojado, había mucha gente y los escalones eran bastante altos para ella, así que al final nos tocó cogerla en brazos. Porque una cosa es ser aventurera y otra muy distinta jugarse la vida bajando unas escaleras.

Y lo mejor de todo fue que tuvimos una suerte increíble con el tiempo. Aunque la previsión era malísima, durante toda la mañana tuvimos un sol espectacular y prácticamente ni una nube. Eso sí, nada más llegar abajo y empezar a ir hacia el coche… empezó a nublarse y a llover.
¡De verdad que no nos lo podíamos creer!
Menos mal que la lluvia esperó a que termináramos porque pudimos disfrutar muchísimo de las vistas y hacer toda la excursión tranquilamente.
Después de la mañana de aventuras tocaba comer, así que como llevábamos la comida preparada, comimos en el coche unos macarrones con carne picada y burrata. Y la verdad es que después de toda la mañana nos supieron a gloria. Estaban espectaculares.

Después volvimos hacia Canfranc-Estación para descansar un poco, pero por el camino nos encontramos con un atasco y al principio no entendíamos absolutamente nada. Hasta que vimos el motivo: ¡estaba pasando un rebaño de ovejas!
Así que todos los coches tuvimos que esperar tranquilamente a que pasaran para no asustarlas ni hacerles daño. La verdad es que nos hizo bastante gracia porque no todos los días te encuentras un rebaño de ovejas cruzando la carretera.

Una vez descansados, volvimos a salir para hacer el Paseo de los Melancólicos. Es un paseo de unos 2,5 kilómetros bastante sencillo y perfecto para hacerlo con Mocca. Durante el recorrido pudimos ver varios de los búnkeres que hay por las montañas de Canfranc-Estación. En total hay unos 11 repartidos por la zona, así que además de dar un paseo pudimos conocer un poquito más de la historia del lugar.
Y cuando terminamos el paseo nos dimos cuenta de que había muchísima gente por Canfranc. Al principio no sabíamos muy bien qué pasaba hasta que descubrimos que estaba la feria del queso.

Y claro… si hay algo que nos encanta casi tanto como viajar es comer.
Así que no podíamos irnos sin probar algunas cosas. Estuvimos probando embutido, queso y alguna que otra cosita; la verdad es que estaba todo espectacular y acabamos comprando. Así que podemos decir que terminamos el día bastante bien.
Al día siguiente nos esperaba nuestro reto. El esperado. El que teníamos pendiente desde hacía tiempo: el Ibón de Piedrafita.
Para los que no nos conocíais de antes, este sitio tiene un poco de historia para nosotros. En el primer viaje de Mocca al Pirineo intentamos hacer esta ruta, pero a mitad de camino empezó a llover y tuvimos que darnos la vuelta.

Así que esta vez teníamos claro que queríamos conseguirlo, por lo que cogimos nuestros chubasqueros y salimos a la aventura.
Aunque parece que el Ibón de Piedrafita tiene algo personal contra nosotros porque… sí, también nos llovió a mitad de camino.
Parece que cada vez que intentamos subirlo tiene que llovernos. Pero esta vez no nos íbamos a dar la vuelta tan fácilmente. Nos refugiamos y esperamos a que terminara de llover y, cuando por fin paró, volvió a salir un día espectacular. Sol, pocas nubes y unas vistas increíbles. Así que seguimos subiendo.

Por el camino nos encontramos también con unas vacas y, como era de esperar, Mocca quería ir a olisquearlas. Ella veía unas vacas y pensaba que acababa de encontrar nuevas amigas. Nosotros decidimos que era mejor mantener las distancias y no dejarla acercarse demasiado.
Y después de todo el camino… ¡por fin llegamos al Ibón de Piedrafita!
No os vamos a mentir, nos hizo muchísima ilusión porque después del primer intento fallido por fin habíamos conseguido nuestro objetivo.
Arriba había bastante gente y también vimos varios perritos, algunos sueltos y otros atados.

Nos sentamos allí unos tres cuartos de hora a descansar, disfrutar de las vistas y recuperar fuerzas antes de empezar la bajada.
Y esta vez sí: ¡objetivo conseguido!
Después volvimos a Canfranc-Estación, recogimos todas nuestras cosas, descansamos un poquito y pusimos rumbo a Zaragoza.
Y así terminó nuestra mini escapada al Pirineo.
Ha sido un finde corto, pero nos ha dado tiempo a hacer un montón de cosas y, sobre todo, a disfrutar muchísimo con Mocca. Hemos conseguido que se monte en el tren de Artouste, hemos hecho el Ibón de Piedrafita que teníamos pendiente y hemos disfrutado de un montón de sitios nuevos juntos.
Eso sí, después de este viaje tenemos una cosa clara: si alguna vez queremos que llueva, solo tenemos que planear una ruta por el Pirineo.
¡Nos vemos en la próxima aventura!



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